(des)Fragmentos IV



Mis manos, mis manos, mis manos y el sueño. La gente que no está, que no aparece. La soledad en una palma y en la otra la soledad de esta misma soledad, o sea, la nada. En los ojos el vacío, la carencia. En la piel el agotamiento y el paso de los días.
El desenfreno con que atacan las horas desoídas, el desamparo de la llamada que, eclipsada por otras, sucumbe en el silencio. Miradas desde una otredad que no comprende y, a la vez, es incomprendida. La picazón en el pelo enredado en los minutos enredados en mis zapatos cuyos cordones se enredan al caminar.
El silencio se mixtura demasiado bien entre el transcurrir de los hechos.
Me evado todo el tiempo, pido prestado mundos ajenos. Desde este abrupto hecho, este corte final, esperando, viendo si las moscas me van a ver.
Desde la esquina asolada, desde el decisivo retorno, más adentro o más afuera,
más cercano que nunca.

. Alhué Mora .

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