* Epicuro explicaba el origen y permanencia del cosmos como una gran caída de átomos desde siempre y para siempre. Todos los átomos están destinados a caer, pero la caída viene con un pequeño desvío. En función del desvío que es azaroso e inmedible, los átomos chocan entre sí y debido al choque se van conformando los cuerpos, las entidades que nos rodean. Una cantidad inexacta de átomos caen desviándose y constituyen en ese choque la montaña o el ser humano o el amor. Lo peor es que aún ya siendo parte de los distintos cuerpos, siguen cayendo, o mejor dicho, persisten en su impulso metafísico por caer. Hacen tanta fuerza que en algún momento rompen el cuerpo, lo disuelven. El cuerpo muere y los átomos recuperan su libertad y siguen cayendo.
Eternamente. Azarosamente.



"¿Para qué sirve la filosofía?" - Darío Sztajnszrajber

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