Te miramos y nos devolviste esa mirada, que nadaba entre sueños.
Te vestimos como a un día de fiesta.
Te ofrecimos un quizás y nos devolviste un silencio.
No hubieron nubes de desahogo, ni mares de tranquilidad.
Monté la guardia, por si volvías.
Repetí todos los días, todas tus pieles.
Me quedé sentado esperando en una fría piedra,
con el corazón apagado, apagado.
Te fuiste y te quedaste esperándonos, en el jardín de lo anhelado. 

Alhué Mora

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