Cada pétalo de la flor
y cada copo de la nieve
giran la rueda de la muerte:
el uno cesa, nace el dos.

El tajo de la cimitarra
que corta el vuelo del cendal
separa en toda realidad
lo que perdura y lo que pasa,

como los ojos y las bocas
al distinguir ya están hilando
su reino de perfiles vanos,
sus parques de fingidas rosas.

Toda caricia es el espejo
que nos propone a tanta imagen,
toda pregunta es el pasaje
de la palabra a otro secreto.

Amor, final melancolía
de parques y terrazas, música
que solo crece en la renuncia
al beso del sutil flautista.

¿Por qué ceder a tanta réplica,
a tanta estatua de sí mismo,
si en el resumen del camino
lo que se pierde es lo que queda?

El hombre que medita al pie
de un árbol que será su signo
sabe que el paso del mendigo
contiene ya el paso del rey,

y que de tan claro despojo
donde se va anulando el mundo
nace el delirio de ser uno
en plena danza de ser otro.

Por eso, acaso, está la flor
negando al sol en su hermosura,
como en el carro de la luna
el albo auriga niega a Dios.

Por eso acaso la palabra
es el espejo del Espejo,
y el hombre, ese divino sueño,
sube cayendo hacia la nada.



"Canción de Gautama" - Julio Cortazar






...
This body, this body holding me, be my reminder here that I am not alone in
This body, this body holding me, feeling eternal, all this pain is an illusion

This body holding me reminds me of my own mortality
Embrace this moment, remember, we are eternal
All this pain is an illusion
...


ParabolA



Es así, escribiendo, que entro en conflicto con las palabras.
Me peleo, a puño limpio, a certeza rebatida.
Que mentirosas a veces, que poco dicen.
Un velo opaco, más que una lámpara o, al menos, una vela.
Un autoengaño, una complacencia absurda, resignación barata.
Tantas voces diferentes en el interior, tanta mascara sin rostro en el exterior.
Se sacuden de hipocresía las palabras, no dan más de credulidad viciada.
Corroídas por las diferentes lecturas, visiones, abstracciones.
Mil sinónimos: abundancia inútil, inundación.
Es por ello que convoco a la palabra primera,
raíz indivisible,
primacía,
cristalización de lo imperceptible.
Entendiendo que entre ellas no hay concatenaciones negadas,
toda unión es posible.
Se trata de realizar a ciegas el trayecto,
recorriendo y recurriendo desde lo imposible hacia lo posible.
Sin embargo, les pido que no violenten más mi ser con reparos,
ni pidan amparo todas juntas dentro de un mismo texto,
no será posible.
Es así, en conflicto, que entro escribiendo a las palabras.


/Alhué Mora/

- Tiempo del hombre


La partícula cósmica que navega en mi sangre
es un mundo infinito de fuerzas siderales.
Vino a mí tras un largo camino de milenios
cuando, tal vez, fui arena para los pies del aire.

Luego fui la madera, raíz desesperada.
Hundida en el silencio de un desierto sin agua.
Luego fui caracol, quién sabe dónde.
Y los mares me dieron la primera palabra.

Después, la forma humana desplegó sobre el mundo
la universal bandera del músculo y la lágrima.
Y brotó la blasfemia sobre la vieja tierra.
Y el azafrán, y el tilo. La copla y la plegaria.

Entonces vine a América para nacer un Hombre.
Y en mi junté la pampa, la selva y la montaña.
Si un abuelo llanero galopó hasta mi cuna,
otro me dijo historias en su flauta de caña.

Yo no estudio las cosas, ni pretendo entenderlas.
Las desconozco, es cierto, pues antes viví en ellas.
Converso con las hojas en medio de los montes
y me dan su mensaje las raíces secretas.

Y así voy por el mundo, sin edad ni Destino.
Al amparo de un cosmos que camina conmigo.
Amo la luz, y el río, y el camino, y la estrella.
Y florezco en guitarras, porque fui la madera.


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Atahualpa Yupanqui
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